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Las 10 mejores películas de 2016

Una base amplia no facilita la selección. 2016 no ha sido un año memorable para el cine de estreno, y lo dice alguien que ha sobrepasado los 60 títulos en salas comerciales.

Entre propuestas discretas y otras que no pudieron cumplir con las altas expectativas (dejando una sensación de contrariedad que, cada vez, me resulta más habitual) se extinguió este año agitado que ha servido, además, para evidenciar el mal momento del cine de masas con blockbusters que han decepcionado, en su mayoría, a los propios incondicionales de las franquicias más cacareadas: Batman vs. Superman, Deadpool, X-Men: Apocalipsis, Capitán América: Civil War, Escuadrón suicida, Rogue One: Una historia de Star Wars o Assassin’s Creed.

No queda más remedio que  buscar alternativas a los reboots, secuelas y remakes, muestra de la cerrazón de los grandes estudios, y seguir el instinto particular o condicionado por comentarios de gente de fiar para animarse a seguir visitando el cine buscando satisfacer nuestras inquietudes artísticas, para que nos trasladen a lugares donde nunca hemos estado ni estaremos o a que nos enfrenten a dilemas morales que, seguramente, no se nos plantearán jamás en la vida.

Por cierto que la siguiente lista está condicionada por la ausencia de El hijo de Saúl,  que para mí fue la mejor película de 2015 pese a que se estrenó en 2016.  Doce meses después, y tras repetir la experiencia en pantalla grande, el filme de László Nemes sigue siendo lo mejor del bienio. Pero bueno, vamos ya con los puestos de honor del diez al uno:

10) Que Dios nos perdone, de Rodrigo Sorogoyen.

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Siempre he sentido un especial apego hacia el thriller español, con sus señas de identidad tan reconocibles y disfrutables. En eso hay que estar agradecidos a 2016. Que Dios nos perdone forma parte de ese estupendo trío de filmes que, desde distintos enfoques, nos han vuelto a enganchar al género. La trama hilada por Rodrigo Sorogoyen sigue las andanzas de un serial killer en el verano madrileño de 2011 manejando los códigos a la perfección y reforzada por la gran empatía que despiertan los dos policías protagonistas, una virtud de identificación que este filme comparte con el trabajo anterior del director, la muy estimable Stockholm. Cabe achacarle, eso sí, ciertos giros gratuitos que merman, en parte, el efecto de su potente guion.

9) El hombre de las mil caras, de Alberto Rodríguez.

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Mientras Sorogoyen se decanta por la fabulación, Alberto Rodríguez se aferra a hechos muy recientes para transmitir la podredumbre y amoralidad de los personajes que cohabitan en nuestro sistema político. Las andanzas de Francisco Paesa y su implicación en la desaparición del exdirector de la Guardia Civil, Luis Roldán, suponen en manos del guionista y director un excelente ejercicio de reconstrucción y sintetización que consigue captar nuestra atención en todo momento, estableciendo conexiones estremecedoras en su exposición del caso y abogando por el entretenimiento de calidad. El hombre de las mil caras es quizá el trabajo más sólido y redondo de Rodríguez, en mi opinión superior a La isla mínima.

8) Mayo de 1940 (En mai, fais ce qu’il te plaît), de Christian Carion.

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En el repaso a lo más destacado del año nadie parece acordarse de esta película francesa cuyo estreno no pudo ser más oportuno al traer a colación la candente situación de los refugiados de guerra. Esta cuestión ancestral y colateral en los conflictos bélicos es trasladada por la directora a los inicios de la Segunda Guerra Mundial como homenaje a su familia, que sufrió los desplazamientos tras la invasión nazi, a través del relato de la búsqueda de un hijo extraviado por parte de su padre. Un gran despliegue de producción, que cuenta con la perspectiva de ambos bandos a través de variados personajes y situaciones, y cuyo resultado es indiscutiblemente conmovedor.

7) Elle, de Paul Verhoeven.

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Otro filme francés que, al contrario de Mayo de 1940, sí se ha hecho popular y engrosa listas y rankings de expertos. Elle podría ser calificado tranquilamente como el filme más perturbador del año, y ya solo por eso merece atención. El tantas veces controvertido Paul Verhoeven vuelve a hablar de deseo y bajas pasiones en un thriller muy bien narrado, con una propuesta aún más retorcida en su retrato de una mujer a la vez víctima y verdugo de los que le rodean. Esta no es otra que la imperial Isabelle Huppert, sin la que es difícil imaginar esta película (y que este año también deslumbró en El porvenir). Un título valiente que incomodará a sectores muy diversos, y que reivindica la libertad creativa en un escenario cada vez más políticamente correcto.

6) Paterson, de Jim Jarmusch.

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Jarmusch es un autor que alterna proyectos más ambiciosos artísticamente y, no lo neguemos, con un punto pretencioso con otros más sinceros, humanos y cotidianos. Flores rotas pertenecía al segundo grupo, al igual que Paterson. ¿Por qué una historia aparentemente intrascendente sobre un conductor de autobuses en una ciudad anodina está generando tantas simpatías? Quizá porque Jarmusch nos hace sentir la rutina como algo entrañable. A través de la afición del personaje de Adam Driver por la poesía, el director aporta luz y belleza a una vida aparentemente corriente y sin complicaciones. Los protagonistas aprenden a disfrutar de los pequeños detalles para hacer de sus sueños y pasiones el motor de su existencia. Busquemos y trabajemos pues en lo que a cada uno nos mueva en la batalla diaria.

5) Verano en Brooklyn (Little men), de Ira Sachs.

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Otra historia íntima, esta aún más rica en detalles y puntos de vista, es Verano en Brooklyn del realizador independiente norteamericano Ira Sachs (El amor es extraño). Una historia que iguala a niños y a adultos, a padres e hijos, a nativos y extranjeros. Derrochando humanidad y contención, el director cuenta la aclimatación de una familia a su nuevo vecindario poniendo su atención en las relaciones que se establecen en un entorno nuevo. Los intereses económicos y el tiempo acaban haciendo estragos en unos y otros. En el transcurso de Little men entendemos que en la vida nunca desaparecen las inseguridades; no hay certezas, sino adaptación y predisposición o no a capear el temporal.

4) La gran apuesta (The big short), de Adam McKay.

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La crisis financiera de Estados Unidos en 2008, que se sigue dejando notar, es la base de esta comedia negra que nos presenta a un grupo de outsiders que, desde sus distintas posiciones en el entramado bancario, adivinaron la que se avecinaba. La avaricia, el cinismo y la impunidad de los responsables de este globalizado embrollo son mostrados en el filme con sorna, pero también con crudeza, en un relato ágil y muy bien interpretado que, de forma original, los responsables se cuidan de hacer comprensible al gran público pese a la predominancia de jerga económica.  El poso de La gran apuesta perdura y sabe amargo.

3) Hitchcock/Truffaut, de Kent Jones.

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Uno de los documentales más destacados de 2016 fue esta crónica del encuentro entre dos cineastas muy particulares que, a mediados de los 60, compartieron una larga entrevista en diferentes sesiones con el propósito de arrojar luz sobre las obsesiones y mundo interior de unos de los creadores más grandes que ha dado el cine: Alfred Hitchcock. Desde la admiración hacia su obra, y con el interés de actualizar el discurso del maestro del suspense, Kent Jones emplea imágenes de archivo y audios inéditos de aquellas jornadas que sirvieron para alumbrar la creación del libro El cine según Hitchcock, la biblia de numerosos cineastas. Contando además con el testimonio de autores como Scorsese, Fincher, Wes Anderson o Richard Linklater, Hitchcock/Truffaut supone todo un gozo para los cinéfilos.

2) Spotlight, de Tom McCarthy.

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Muchos son los valores de Spotlight, la primera película sobre periodismo que ha conseguido alzarse con el Oscar de Hollywood a la mejor producción del año. Para empezar, la historia surge de un excelso y cuidado trabajo de documentación; pone en relieve un asunto real y escandaloso que para muchos había pasado prácticamente inadvertido; sabe transmitir tensión y autenticidad conforme avanza la investigación de los reporteros protagonistas en torno a los abusos sexuales cometidos por numerosos miembros de la archidiócesis de Boston, y nos regala grandes y equilibradas interpretaciones de un elenco encabezado por Michael Keaton, Mark Ruffalo y Rachel McAdams. El periodismo conlleva control a los poderosos, denuncia social y establecer cimientos para una visión crítica. Más que oportuno este recordatorio que merece ocupar un puesto de excelencia en este particular ranking.

1) Tarde para la ira, de Raúl Arévalo.

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Si bien Raúl Arévalo me parece en muchas ocasiones un actor afectado y que se pasa de intenso, no me queda otra que rendirme ante su incontestable debut tras la cámara: Tarde para la ira, un relato descarnado, seco, crudo y violento manejado con mano de hierro al que poco se puede reprochar. Desde la impactante secuencia de apertura y la incertidumbre que nos mantiene pegados a la butaca hasta la sordidez de los ambientes, la construcción de personajes, el manejo de la tensión… Todo es ejemplar y recuerda a las mejores historias de ajustes de cuentas y rencillas pueblerinas que tanto identifican a nuestra España. Sombrerazo para Arévalo y larga vida como director. Ojalá los próximos Premios Goya sepan reconocer la calidad.

  • Otros títulos destacados del año: Después de nosotros, de Joachim Lafosse; Sully, de Clint Eastwood; El cuento de la princesa Kaguya, de Isao Takahata; La habitación, de Lenny Abrahamson; Comanchería, de David Mackenzie; Frantz, de François Ozon, y ¡Bruja, más que bruja!, de Fernando Fernán Gómez (1977), repuesta en conmemoración de su 40 aniversario.
  • Decepciones: El renacido, de Alejandro González Iñárritu; Steve Jobs, de Danny Boyle; Carol, de Todd Haynes; Brooklyn, de John Crowley; Mustang, de Deniz Gamze Ergüven; The program, de Stephen Frears; Ahora sí, antes no, de Hong Sang-soo; Yo, Daniel Blake, de Ken Loach, y Después de la tormenta, de Hirokazu Kore-eda.
  • Sobrevaloradas: Los odiosos ocho, de Quentin Tarantino; La bruja, de Robert Eggers; Más allá de las montañas, de Jia Zhang Ke; Green room, de Jeremy Saulnier; Neruda, de Pablo Larraín; Captain Fantastic, de Matt Ross; El porvenir, de Mia Hansen-Love; La llegada, de Denis Villeneuve, y Hasta el último hombre, de Mel Gibson.
  • Sorpresas: Calle Cloverfield 10, de Dan Trachtenberg.
  • Lo peor: Election. La noche de las bestias, de James DeMonaco; Independence Day: Contraataque, de Roland Emmerich; Objetivo: Londres, de Babak Najafi; La verdad duele, de Peter Landesman; Capitán Kóblic, de Sebastián Borensztein, y Nunca apagues la luz, de David F. Sandberg.
  • Lo mejor de la Filmoteca: Dos días, una noche, de Luc y Jean-Pierre Dardenne (2014); El ángel azul, de Josef von Sternberg (1930); El último de los injustos, de Claude Lanzmann (2013) y La evasión, de Jacques Becker (1960).
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Money Monster: Las 5 claves para deconstruir un thriller

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Se habla de Money Monster como un thriller que bebe del espíritu del cine americano de los 70. Aquellas eran tramas de denuncia y tensión, entretenimiento y regusto amargo. Hay bastante de eso en el nuevo trabajo de Jodie Foster tras la cámara, aunque diría que sus ambiciones son más modestas, lo cual habla a su favor: aquí el objetivo es contar bien una historia en un escenario reconocible, por vigente, manejando una agradecible economía de metraje (poco más de hora y media).

George Clooney y Julia Roberts vuelven a compartir set a las órdenes de la también oscarizada Foster, que demuestra oficio y solidez en un género nuevo para ella tras firmar algunos episodios de series como House of cards y Orange is the new black y haber errado en el ensamblaje dramático de su anterior largo, El castor, aquella odisea vital de Mel Gibson y sus formas de canalizar una depresión.

Money Monster, cuyo estreno se adelanta a este miércoles, es un producto comercial con buen acabado, ideal para presentarse fuera de concurso en el actual Festival de Cannes (como así ocurrió, dada la categoría de los profesionales implicados). En el certamen quedó claro la falta de sintonía entre los dos actores principales y su directora, no se sabe si a raíz de las semanas de rodaje o por algún hecho posterior relacionado con la promoción.

La fluidez narrativa de la película viene determinada por un guion que cumple con la estructura tradicional del thriller, cuyas claves argumentales podemos enumerar del siguiente modo:

1) Cotidianidad

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El arranque del filme nos introduce en las entrañas de un programa de televisión presentado por Lee Gates (Clooney) que, con un perfil sarcástico, glosa la actualidad económica y se permite dar consejos a los espectadores sobre dónde y en qué momento invertir su dinero. Patty Fenn (Roberts) es la realizadora del show y mano derecha de Lee, a quien dirige desde el control.

La idea de este primer acto es presentar el entorno donde transcurrirá la acción, introducir a los protagonistas y a algunos de los secundarios (el productor, los cámaras, los vigilantes) y crear el caldo de cultivo de un día cualquiera en la oficina que, intuimos, no será tal.

2) Complicidad

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Este aspecto refiere a las relaciones entre los dos personajes principales, que ayudará a crear la conexión emocional de la historia para con el público.

La cotización de Clooney y Roberts en el mercado del celuloide sigue alta gracias a la popularidad granjeada entre la audiencia durante años. Ambos parecen encontrarse ahora en una posición más cómoda para elegir cierto tipo de papeles y proyectos más interesantes. Desde que coincidieran en Ocean’s eleven (2001), su amistad se mantiene viva y eso les hace idóneos para el rol que desempeñan en Money Monster. Su sintonía se traslada a la ficción: no necesitan más que una mirada o una palabra clave para entenderse.

Si bien el carácter de Lee es irónico e impulsivo, un hombre cínico, vanidoso y de vuelta de todo que desempeña su trabajo sin más escrúpulos, el personaje incorporado por Roberts viene a ser su Pepito Grillo, poseedora del cerebro, la frialdad y la determinación que se necesitan para sacar adelante un programa en directo.

Patty supone un rol necesario en la trama, pero meramente funcional. Su construcción no está a la altura de los matices que los guionistas aportan a Lee, cuyos defectos le hacen también más humano, mientras que Fenn es una máscara omnipresente a la que en pocos momentos vemos descompuesta por la tensión que ha estallado o está a punto de hacerlo. El poso que deja en el espectador el trabajo de Roberts se me antoja mucho más intrascendente que el de su compañero.

El acercamiento de Lee y la realizadora podía derivar en una historia de amor de saldo hollywoodiense reforzada por las angustiosas circunstancias que van a vivir. Pero Foster decide no caer en lo evidente, y junto a su equipo aciertan al optar por los subrayados cómplices entre ambos, mucho más naturales.

3) Explosión

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La normalidad de la emisión se ve alterada abruptamente con la irrupción de Kyle, un joven indignado que perdió sus ahorros en una mala jugada financiera a colación del programa de Lee. Este hace responsable al presentador de su debacle personal, y no duda en entrar en el plató a punta de pistola y obligar al periodista a portar un chaleco explosivo.

Los tópicos del género se hacen presentes a continuación en las maniobras policiales y el intento de negociación con el asaltante, mientras lo más interesante transcurre bajo los focos, en directo para todo el país y parte del extranjero. A Kyle se le presenta como un personaje con capas, angustiado por su drama pero también desquiciado e inconsciente de las consecuencias que pueden acarrear sus actos, y paulatinamente asistimos a su acercamiento a Lee. A destacar el trabajo de Jack O’Connell, que tras sobresalir en Invencible (bajo la batuta de otra actriz, Angelina Jolie) se consolida como un actor sólido y creíble.

4) Clímax

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Camino del desenlace, la acción se traslada de la claustrofobia del plató de televisión a otros escenarios más amplios, lo que hace crecer la angustia y eleva el drama. La implicación en los hechos de una importante compañía y la colaboración de una directora de comunicación guiará a la trama hasta su clímax, con una dosis de suspense bien servida.

En este punto, la modernidad del filme se manifiesta en el uso de la tecnología para presentar un mundo global, un planeta permanentemente conectado, donde el juego financiero campa a sus anchas sin importar las inevitables secuelas derivadas de la desregularización. Pasamos de Nueva York a Seúl, Reikiavik o Johannesburgo en una clara plasmación del efecto mariposa.

5) Redención

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Los thrillers suelen dejar un regusto agridulce tras haber removido la conciencia social y por jugar a mostrar las aristas de la personalidad humana. La redención es un tema puramente cinematográfico y universal, y Money Monster no es ajena a ella una vez que los acontecimientos terminan por desbordarse.

La conclusión es evidente y aterradora, pues el sistema no entiende de pausas ni de dramas particulares. Somos parte de un juego inmenso, pero ¿hasta qué punto participamos en él y se nos debe atribuir una cuota de responsabilidad?

En mitad de esta reflexión, la rueda sigue girando.

Las 10 mejores películas de 2015

El extinto 2015 ha marcado un precedente al convertirse en el año en que más veces he acudido a una sala de cine. Si bien la reciente cosecha no ha dejado una gran serie de títulos memorables, sí incluye algunas propuestas interesantes, de muy variada procedencia, que merecen destacarse.

Creo que esa tendencia heterogénea se refleja en la siguiente lista. A la hora de confeccionarla siempre dudo entre incluir filmes producidos el año anterior aunque estrenados en España al siguiente, y sobre cómo actuar con las reposiciones o con las películas vistas en festivales o certámenes celebrados en el año natural pese a no saber a ciencia cierta si algún día llegarán a la cartelera española.

Así pues, he decidido incluir trabajos estrenados en España durante 2015 (da igual su año de producción) más la gran joya del pasado Fancine de Málaga (Festival de Cine Fantástico organizado por la Universidad de Málaga y celebrado en noviembre), como no podía ser menos dado su valor cinematográfico y diría que humano.

10) El clan, de Pablo Trapero.

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Este filme argentino cuenta el caso real de los Puccio, una familia cómplice en secuestros y asesinatos durante la dictadura militar de Videla . Trapero presenta un gran ejercicio narrativo y juega a Uno de los nuestros mezclando escenas violentas con grandes canciones de rock clásico, una fórmula que hace que en ocasiones el tono de la película se desvirtúe. Lo mejor es el partido que saca el director a la presencia amenazante del personaje de Guillermo Francella (recordado por El secreto de sus ojos), cuyo trabajo supone una de las mejores interpretaciones masculinas del año.

9) El club, de Pablo Larraín.

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De Argentina al vecino Chile de Larraín (responsable de la magnífica No) con un relato desasosegante que fue premiado en el Festival de Berlín y que ha sido unánimemente destacado en las listas del sector cinematográfico. El aislamiento de unos curitas que han traicionado su misión para con la Iglesia y la expiación de sus pecados se envuelve en una fotografía feísta, con planos desenfocados en ocasiones, que contribuyen a crear una sensación de incomodidad más allá de lo narrado. Se echa de menos quizá un retrato más profundo de los personajes, pero el conjunto arroja, sin duda, ideas y reflexiones inquietantes en torno a una cuestión polémica sobre la que pocos se atreven a teorizar.

8) Amy, de Asif Kapadia.

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El único documental de la lista ha sido uno de los más destacados del año y ahora mismo figura como favorito al Oscar en su categoría. El relato del ascenso y caída de la cantante Amy Winehouse se ve favorecido por una narración muy ágil enriquecida por el copioso material de archivo del que disponen sus autores (prístino reflejo de la gigantesca huella audiovisual que nos sobrevivirá a raíz de las actuales plataformas). Una historia que despierta piedad hacia un ser humano que fue puro talento, pero cuyas carencias afectivas y el éxito mal digerido llevaron a la perdición.

7) Marte, de Ridley Scott.

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Mi reconciliación con Ridley Scott llegó después de muchos (demasiados) años con este gran entretenimiento, comercial pero honesto, que consigue alcanzar a un amplio sector del público gracias a un guion preciso (del dotado Drew Goddard) en una aventura espacial de supervivencia enriquecida por personajes bien trazados y situaciones de tensión que se alternan con otras más distendidas. Un blockbuster muy eficaz e irreprochable en su campo.

6) El año más violento, de J. C. Chandor.

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Cuento negro sobre la corrupción moral que asalta los negocios de un empresario de origen latino que trata de abrirse paso en el Nueva York de principios de los 80. Dibujando una trama de claroscuros y desarrollo imprevisible, sostenida por un gran reparto encabezado por el cada vez más grande Oscar Isaac, El año más violento coloca a J. C. Chandor, tras Margin call y Cuando todo está perdido, como uno de los mejores autores jóvenes del Hollywood actual.

5) Whiplash, de Damien Chazelle.

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Este relato vibrante y poderoso merece destacarse entre lo mejor de la temporada por su impecable montaje, realización y reflexión de fondo, una mirada a la cultura del esfuerzo y al sempiterno planteamiento de si el fin justifica los medios. En este caso, si lograr tu meta profesional es prioritario pese a los cadáveres que dejas en el camino. No solo eso: ¿vale todo para extraer el mayor rendimiento a una persona? ¿Está la educación reñida con el esfuerzo y la dedicación? Invito a muchos sujetos obtusos de nuestra sociedad a pasearse por esta historia y sacar sus propias conclusiones.

4) Leviatán, de Andrei Zvyagintsev.

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El primer día de 2015 se estrenó Leviatán, el simbólico título elegido por el ruso Andrei Zvyagintsev (autor de El regreso) para plasmar la tiranía y el sometimiento que infligen los poderosos a los humildes a través del drama de una familia en torno a un desahucio. Pese a que su origen sea remoto, cualquier ciudadano del mundo podrá identificarse con esta historia seca y fría como el paisaje en que se enmarca y donde no hay resquicio para la esperanza. En el recuerdo queda una de las secuencias más poderosas del año: a Zvyagintsev le basta un plano fijo para representar la más elocuente y salvaje profanación del hogar.

3) Inside out (Del revés), de Pete Docter y Ronnie del Carmen.

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Cómo hablar sobre las emociones humanas de forma amena, original y para toda la familia. Parece que sólo Pixar podía llevar a buen puerto una empresa tan complicada regalándonos una de sus mejores películas, por no decir la mejor, y que merece colarse en el top three de la lista con todas las de la ley. La historia de Riley nos invita a realizar un ejercicio de introspección donde se mezclan recuerdos, pensamientos, ilusiones y sueños que se quedaron en el camino. Del revés viene a decirnos, de forma divertida y profunda, que somos seres sometidos a la ambivalencia de nuestros estados de ánimo.

2) Mad Max: Fury Road, de George Miller.

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Parecía una caprichosa secuela más en el desalentador panorama del cine comercial norteamericano, mayormente ocupado en reutilizar fórmulas popularmente aceptadas y explotarlas hasta la saciedad. No esperábamos que el australiano George Miller, a sus 70 años, fuera a dinamitar su propia criatura en esta cuarta entrega de Mad Max, que bien podría recordarse como un capítulo único e independiente por méritos propios tras haber alcanzado cotas de realización y entretenimiento con escaso precedente en los últimos años. Un filme de acción rompedor, imparable, de ritmo trepidante, que ha roto moldes y merece trascender.

1) El hijo de Saúl, de László Nemes.

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La película más arrolladora e impactante del año llegó en el Fancine de Málaga para remover, conmover y dejar poso. Un filme húngaro de memoria histórica sobre el Holocausto que nos golpea, a través de una historia muy humana, mostrándonos la actividad de un campo de concentración nazi como nunca antes nos habían contado.

Este trabajo, de próximo estreno, merece un capítulo aparte en Soteras de Cine.

  • Otros títulos destacados de 2015: La verdad, de James Vanderbilt; Ex Machina, de Alex Garland; Red army, de Gabe Polsky; Truman, de Cesc Gay.
  • Reposiciones: El mundo sigue, de Fernando Fernán Gómez. Filme de 1963 recuperado 50 años después de su estreno clandestino tras ser boicoteado por la censura. Una cumbre y rara avis de la historia del cine español.
  • Decepciones: El francotirador, de Clint Eastwood; It follows, de David Robert Mitchell; Irrational man, de Woody Allen; Langosta, de Yorgos Lanthimos.
  • Semidecepciones: Birdman, de Alejandro González Iñárritu; Foxcatcher, de Bennett Miller; Timbuktu, de Abderrahmane Sissako; Nightcrawler, de Dan Gilroy; Sicario, de Denis Villeneuve; Macbeth, de Justin Kurzel.
  • Lo peor: Investigación policial, de Daniel Aguirre; Landmine goes click, de Levan Bakhia; Wyrmwood: La carretera de los muertos, de Kiah Roache-Turner; Dulces criaturas, de Jonathan Milott y Cary Murnion.