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Oscar 2015: Volver a creer

En los inicios de la recién concluida carrera de premios del cine norteamericano, cuando las asociaciones de críticos dieron el pistoletazo al reparto de distinciones y a la confección de rankings valorativos, se podía empezar a intuir que nos aguardaba una de las temporadas de galardones más competidas e impredecibles de los últimos años. Ese presentimiento se refrendó progresivamente tras el anuncio de las nominaciones a los Oscar y según se fueron concediendo los galardones de los gremios.

Los premios de los grupos especializados suelen tener una incidencia muy grande en los votantes de la Academia de Hollywood pero, dadas las características de la competición que nos ha ocupado desde diciembre, parecía que la emoción se mantendría hasta el final en los Oscar en lo que atañe a algunos de sus apartados más importantes.

A finales de enero, el grupo de productores estadounidenses (PGA) concedió su reconocimiento al mejor filme del año a La gran apuesta, la comedia negra sobre el crack de 2008 con Christian Bale, Brad Pitt, Steve Carell y Ryan Gosling. Por su parte, el SAG (Sindicato de Actores) al mejor reparto recayó en el cast de Spotlight, la historia de la investigación de The Boston Globe que destapó el escándalo de abusos sexuales llevados a cabo durante años por numerosos sacerdotes de la ciudad de Boston. Para terminar de enredar y confundir, el DGA de los directores fue a caer sobre Alejandro G. Iñárritu, responsable de El renacido, película que también se llevó los Globos de Oro en la categoría de drama y dirección, así como los más recientes BAFTA británicos.

Es decir, el Oscar a mejor filme del año podía dirimirse entre tres películas (La gran apuesta, Spotlight y El renacido). Finalmente, Spotlight ha sido quien se ha llevado el gato al agua convirtiéndose en una ganadora muy particular, ya que solo ha sumado dos premios (el otro, guion original). La última gran ganadora de la noche con apenas dos estatuillas fue El mayor espectáculo del mundo, de Cecil B. De Mille, filme ambientado en el mundo del circo con James Stewart y Charlton Heston. Hablamos del año 1952.

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Lo positivo del triunfo de Spotlight es que se trata, incuestionablemente, de una buena película y que supone el primer Oscar a un filme sobre periodismo. Es un trabajo honesto, con un guion excelente construido a partir de una gran y precisa labor de documentación, desde la que se levanta una historia sutil, pero incisiva y valiente, sobre un tema oscuro y que sigue siendo tabú en muchos lugares. El filme se ve empujado por un magnífico ritmo interno que va desenmarañando la trama al tiempo que los personajes evolucionan y se ven afectados, de un modo u otro, por los acontecimientos que ellos mismos propician. Cómo no, también hay que destacar su equilibrado reparto de talentos ante la cámara, encabezados por Mark Ruffalo y Michael Keaton (tras Birdman, segundo año que ve a su película ganar), apoyados por el sólido respaldo de Liev Schreiber, Stanley Tucci y John Slattery.

Spotlight parecía la ganadora segura hace un par de meses tras los premios de la crítica, pero el empuje final de El renacido y la alternativa de La gran apuesta introdujo el agradecible factor de duda en la ceremonia. La cinta de Iñárritu persigue ser más una experiencia cinematográfica que una película, con la carga de pretenciosidad que eso conlleva. El mexicano, que parece muy preocupado en tratar de dejar su sello en todas sus producciones, podrá alardear a partir de hoy de haber igualado el récord de John Ford y Joseph L. Mankiewicz tras ganar su segunda estatuilla consecutiva como mejor director.

El año de El mayor espectáculo del mundo fue también el que coronó a Ford con su cuarto Oscar por El hombre tranquilo, una cifra hasta ahora inalcanzable para cualquier realizador. De este padre del cine nos quedan El delator, Las uvas de la ira y ¡Qué verde era mi valle!, además de El hombre tranquilo, cuyo momento del primer encuentro entre John Wayne y Maureen O’Hara ha inspirado a Iñárritu para la escena final de su película. No es su única referencia (homenaje lo llaman) a la obra de grandes cineastas (por ahí andan Malick, Tarkovsky o Kurosawa), pues El renacido es un ejercicio de estilo sin alma que por falta de imaginación se ve obligado a explorar entre sus precedentes. Una historia larga, recargada, plagada de obviedades formales y argumentales, que pretende epatar y desprender poesía, y que la ambición de su director conduce al naufragio.

Spotlight es, seguramente, el filme más redondo entre los nominados. Así que esta vez toca apuntarle un tanto a la Academia sobre los Globos de Oro (que en enero se decantaron por El renacido). La Asociación de la Prensa Extranjera (HFPA), responsable de estos galardones, llevaba varios años dando ejemplo a los Oscar reconociendo a la película más importante de cada edición (sirvan los casos de Brokeback Mountain, La red social y Boyhood como ejemplo).

Por mérito artístico, Spotlight merece el Oscar. Sin embargo, no estoy tan seguro de que vaya a trascender y que en un tiempo se la recuerde como la película del año. Sus intenciones no parecen esas, y la Academia ha distinguido también la modestia del proyecto. El puesto de honor corresponderá, probablemente, a Mad Max: Fury Road. El revolucionario filme de George Miller, que ha dinamitado el género de acción, se convirtió en el más oscarizado de la noche con seis premios (montaje, sonido, montaje de sonido, diseño de producción, vestuario y maquillaje y peluquería). Spotlight sobrevivirá como una justa ganadora para la mayoría (sobre todo para los que detestamos El renacido), pero podrá palidecer en el tiempo ante al acontecimiento que ha supuesto el trabajo de Miller.

Una gala redentora

La noche orquestada por la Academia para responder al colectivo negro de Hollywood, tras la ausencia de actores afroamericanos de las nominaciones, dio lugar a una ceremonia que supuso también una redención con los espectadores, ya que tras años de frialdad y funcionalidad se pudo disfrutar de un show ágil y entretenido donde funcionó casi todo, destacando la puesta en escena, las presentaciones de los premios y los vídeos. Se redujo el tiempo destinado a los discursos (con el acertado recurso de dar la oportunidad a los premiados de agradecer a quienes desearan previamente e introduciendo el rótulo en pantalla). Lo que sigue lastrando el ritmo del programa de la ABC son los actuaciones musicales, cuyo timing (que obligó a dejar fuera a dos de las canciones nominadas por largas) debería revisarse. La mejor opción parece la de los Oscar de 1999, donde se optó por hacer un medley de las cinco finalistas (coronado por el inolvidable Blame Canada, de South Park) para que sonaran seguidas y en una versión reducida, lo que plantea además grandes posibilidades para jugar con la puesta en escena.

En cuanto al enfoque, los responsables de la gala optaron por centrarse deliberadamente en la polémica de los #OscarSoWhite como hilo conductor con el objetivo de desdramatizar y reconciliar. El presentador Chris Rock se entregó en cuerpo y alma a ello, e hizo bromas sobre el racismo no sólo en el mundo del cine, sino en la sociedad norteamericana, que pusieron de manifiesto lo que muchos pensamos: el problema es de raíz y afecta a muchos estamentos de Estados Unidos, no solo a la Academia. Es una cuestión histórica. La discriminación es aún una asignatura pendiente y debe atajarse desde todos los ángulos.

Por lo demás, este año ha quedado claro viendo los Oscar que Hollywood es una verdadera industria, sólida pese a las divergencias, que se afianza año a año y mira hacia delante. Y, por otro lado, que los estadounidenses son únicos en la organización y ejecución de eventos de esta magnitud. Su sentido del espectáculo es algo con lo que otros solo pueden soñar o tratar de imitar a duras penas.

Deudas saldadas

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Leonardo DiCaprio es un actor puramente generacional que lleva demostrando su talento desde adolescente (con ¿A quién ama Gilbert Grape? consiguió, en 1993, su primera candidatura al Oscar rozando la mayoría de edad). La concesión de su estatuilla se había convertido en una cuestión de estado para una legión de cansinos fans. Esta vez no había nada que pudiera interponerse en su camino, era el premio más cantado de la noche y seguramente el más esperado en tanto que morboso.

Es una lástima que a DiCaprio le haya llegado el Oscar por un filme en el que apenas interactúa y donde, cual último superviviente, se arrastra, come peces vivos y sale airoso de ataques de osos, indios, tormentas, ríos y caídas. No es el trabajo ideal por el que a muchos nos hubiera gustado verle por fin premiado, pero valga como rúbrica a una gran trayectoria que aún dará mucho de sí.

Otra deuda, casi moral, que se han cobrado este año los Oscar ha sido la de Ennio Morricone. El maestro italiano ha ganado a los 87 años su primera estatuilla en competición tras seis nominaciones y una carrera brillante y extensa. Tras el spaguetti western, Érase una vez en América, La misión, Cinema Paradiso o Malena, ha tenido que ser su asociación con Quentin Tarantino la que reporte a Morricone una recompensa quizá excesiva por este trabajo en concreto, pero que sin duda ha alegrado el rostro de todos los cinéfilos.

Quien tendrá que esperar, y quizá eternamente, para ver algún día su nombre ligado al de Oscar (más allá de su olvidable comedia) es Sylvester Stallone. El británico Mark Rylance, en su papel de espía soviético, fue elegido como el actor de reparto de 2015 por El puente de los espías, de Spielberg. La idiosincrasia de Rocky Balboa se ajusta más al desenlace de esta situación que si se hubiera producido una victoria que, por otro lado, a muchos nos hubiera reconfortado.

Y, para el final, uno de los galardones más merecidos de la noche, pues la húngara El hijo de Saúl fue proclamada la mejor película en lengua extranjera. Un año más, la mejor obra del año no es estadounidense y acaba encontrando su reconocimiento en esta categoría. Si bien habría sido deseable que el filme de László Nemes hubiera gozado de más presencia en otros apartados, El hijo de Saúl se une a Nader y Simin, Amour o La gran belleza en un póker de obras perdurables, relegadas a un segundo puesto, pero que llaman a las puertas del cielo cinematográfico.

Butaca Vip: Nominaciones a los Oscar 2015

Con el nuevo año, Butaca Vip ha regresado a su emisora de origen, Gestiona Radio, tras su breve paso por Qué Radio con un programa en el que dimos mucha cabida a los premios. La semana del 11 al 15 de enero nos trajo las nominaciones a los Oscar, que analizamos detalladamente, junto a la concesión de los Globos de Oro, los Premios Forqué del cine español y las candidaturas a los Razzie, conocidos como los antiOscar.

Además, en una semana con varios estrenos de relumbrón y que tendrán presencia en la próxima edición de los galardones de la Academia de Hollywood, dedicamos un comentario entusiasta a El hijo de Saúl.

Butaca Vip cuenta ahora con dos horas emisión (todos los sábados de 19:00 a 21:00 horas en gestionaradio.com o en Madrid en el 108.0 FM).

Podéis acceder al podcast del espacio (que incluye el último Butaca Vip, emitido el pasado sábado, además del mencionado y emitido el 16 de enero) en el siguiente enlace, donde se irán subiendo cada semana:

http://bit.ly/1QuPzA7

 

 

 

Los Oscar: Estancamiento y reinvención

87 OscarSiempre esperamos lo mejor de la ceremonia de los Oscar: sorpresas, entretenimiento, un espectáculo de primer nivel digno de la audiencia planetaria que lo contempla. Esto es porque no queremos admitir que esta cita, ciñéndonos a su concepto de macroprograma de televisión, lleva demasiado tiempo dando tumbos. Sus productores Craig Zadan y Neil Meron siguen sin encontrar la tecla, girando y girando en la rueda de los lugares comunes, lejos de cualquier inspiración y tendiendo a lo previsible y lo mediocre. Adjetivos que, por cierto, muchos dedicamos a la pasada edición de los Goya.

Este año nos hemos vuelto a dar de bruces con la cruda realidad: faltan ideas y originalidad en la puesta en escena de la gran noche de Hollywood. El resultado no fue pésimo, pero sí arrojó una gala del montón. Otra más. El problema es que ese promontorio comienza a chamuscarse la cresta con la zona ardiente, que diría Hamlet.

Neil Patrick Harris se le vio tan desubicado como en su trabajo en Perdida. Obviamente, el presentador está muy a expensas del guion que le ofrecen, pero en algunos casos como en el del Billy Crystal de los 90 (al que siempre menciono como el mejor conductor del programa que he visto) su personalidad lograba imprimir un sello propio al espectáculo. Crystal se hacía el dueño de la función. Aunque sabía ceder el protagonismo a los ganadores en cada momento, se apropiaba del show al instante de regresar al escenario.

La gala de los Oscar tiene un peaje muy marcado para su conductor, y su momento álgido es el número inicial. Si en este punto no consigues enganchar a la audiencia e impactar, te pasarás el resto de la ceremonia a remolque. En esta edición, las virguerías de Harris no pasaron de correctas en lo que supuso un refrito de trucos masticados otros años (con la excepción del vistoso juego de sombras). El guiño del presentador cantando; el guiño de las imágenes míticas de iconos del séptimo arte; el guiño del host colándose en películas, más la novedad del acompañamiento de una coreografía protagonizada por una extraña amalgama de personajes que hicieron de pegote más que otra cosa.

El protagonista de la serie Cómo conocí a vuestra madre no goza del perfil de cómico sarcástico que suele funcionar en esta ceremonia (con los años me doy cuenta de que Steve Martin y Jon Stewart merecen mayor reconocimiento por su labor en ese sentido). Y como showman puro tampoco cumplió (su trabajo en los Tony le acreditaba para presentar los Oscar, pero la inspiración entre una gala y otra quedó muy lejos). Entre cambios y cambios de vestuario, la más que discreta actuación de Harris fue rematada por el fallido gag del truco de magia. Toda la noche dándole bola al contenido del misterioso maletín encerrado en una vitrina, y cuando descubrió la papeleta antes del premio a mejor película, tras más de tres horas de altibajos, el efecto pretendidamente ingenioso quedó en pura nimiedad. La reacción del público asistente, bastante fría ante la ocurrencia, así lo acredita.

Si hablamos de las sorpresas positivas de la gala, habría que incluir la actuación de Lady Gaga que, además de demostrar que tras su fachada pública se encuentra una persona normal, exhibió una voz espectacular en el cariñoso homenaje rendido a Sonrisas y lágrimas (con el culmen de la aparición subsiguiente de Julie Andrews en el escenario). Un tributo nostálgico de esos que siempre gusta ver en los Oscar. A falta del reconocimiento en directo a los premiados con la estatuilla honorífica (pues hace años la recogen en una gala anticipada en noviembre), bienvenidos son estos recuerdos al cine de antaño.

El palmarés y las sensaciones

No me cuento entre los fans acérrimos de Boyhood, pero sí la considero una muy buena película y un hito indiscutible del cine reciente. Si el paso del tiempo ha sido la base del proyecto de Richard Linklater, el devenir de los años también jugará a favor de su obra. El fenómeno crecerá y trascenderá, pues a partir de ahora a Boyhood le acompañará también la etiqueta de las grandes películas que, aun siendo nominadas en su año, no fueron reconocidas (se me ocurren ahora los casos de Pulp Fiction frente a Forrest Gump en 1994 o de La red social ante El discurso del rey en 2010). Triunfadores relatos de superación ante los filmes de Tarantino y Fincher que, a día de hoy, son recordados por ser, más allá de historias originales y muy bien engrasadas, retratos certeros de su tiempo, de las inquietudes de una sociedad concreta y de la personalidad del cine de su época.

El tiempo juega a favor de estos títulos, ya que es el paso de los años el que nos ayuda a entender su repercusión e influencia en obras posteriores. Y también funcionan en nuestra cabeza, que nos inclina a recordarlos mejor de lo que, seguramente, son realmente. Yo no tengo duda de que Boyhood ha sido la cinta norteamericana más importante de 2014.

Birdman no era una ganadora previsible, pero sus juegos visuales y golpes de efectos formales y argumentales casan mejor con el cine que suele amasar Oscar. Las réplicas de los protagonistas, sus exageradas caricaturas en algunos casos y su efectismo generalizado hacen de Birdman la Crash de este año. No por su calidad, pues el filme de Iñárritu está por encima del de Haggis, pero sí por estar cortadas por el patrón de la rimbombancia, la ampulosidad y los giros calculados para provocar un efecto más inmediato en la mente del espectador medio.

Viejos debates

Por lo demás, la ceremonia devino en una rutinaria sucesión de premios con muy poco margen a la originalidad. Más allá de los galardones a mejor película y director, que para mí no estaban claros del todo, el anuncio de los ganadores nos confirmó que estos sí andaban más decantados de lo que podíamos pensar inicialmente.

No cuestiono si Eddie Redmayne y Julianne Moore merecían su premio pero, inevitablemente, los votantes de la Academia van a tener que seguir cargando con la etiqueta de inclinarse mayoritariamente por los personajes que sufren taras físicas o psicológicas. Y por su preferencia total por el drama, el cual fue explotado casi pornográficamente en los clips de las cinco nominadas a mejor actriz principal.

El debate entre los miembros del ente audiovisual hollywoodiense está ahora en si se reduce o no el número de aspirantes a mejor película de la temporada. Se plantean regresar al formato de las cinco nominadas, el cual imperó desde 1944 a 2008. No puedo más que mostrarme muy a favor de esta idea. El lavado de cara que necesitan los Oscar pasa por la autoexigencia en la selección de los finalistas y por construir una infraestructura sólida en la preproducción de su ceremonia de premios. Solo así se verá justificado el entusiasmo que ponemos en ellos todos los años.

El reto de los Oscar

shomer_shabbatLa semana pasada, justo el día antes de la ceremonia de los premios de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, fui invitado y retado a participar en el desafío de los Oscar. Me comprometí con los amigos de Shomer Shabbat, programa en el que colaboraré de manera regular, a tratar de recordar el ganador de la estatuilla durante los 86 años consecutivos de celebración de los premios en tres categorías:

  • Mejor película.
  • Mejor director.
  • Mejor actor.

Fue una buena excusa para repasar y estudiar los títulos y nombres ilustres o indecentes que han alzado un Oscar por designio de los miles de votantes desde 1928. Algunos son dignos merecedores de tal honor. Otros, escuchados hoy, suenan a chufla. Pero, en definitiva, se trata de una lista que permanece en el recuerdo de muchos cinéfilos, bien sea para regocijarse con su justo triunfo o para despotricar contra los insensatos que quisieron ver ínfulas del mejor arte en el trabajo de los galardonados.

¿Se superó el reto a lo ¿Qué apostamos??

Compruébalo en el podcast de Shomer Shabbat o en el siguiente vídeo.

Boyhood vs. Birdman (o la inesperada pelea por el Oscar)

Hollywood vuelve a desenrollar la alfombra roja, a direccionar focos, pulir el escenario del Dolby Theatre y sacar brillo a sus estatuillas. Y nosotros, los cinéfilos que pensamos que los premios son una gran excusa para hablar de cine, lo celebramos con furor.

Este domingo despunta la edición número 87 de los premios de la Academia, los más que populares Oscar, que suponen el colofón máximo de la carrera anual de galardones de cine. La cosecha de películas producidas en 2014, y cuyas nominaciones conocimos el mes pasado, nos deja un nivel de candidatos más que aceptable y parejo, con casos particularmente brillantes y destinados a perdurar en el imaginario. Todo está preparado para asistir a la que será, sin duda, la gala más reñida de la última década (desde los Oscar 2005, donde el inesperado triunfo de Crash, de Paul Haggis, ante Brokeback Mountain, de Ang Lee, nos sorprendió a la mayoría).

La de este año ha sido una puja inusual por lo ajustada que ha transcurrido, lo apretada que llega a este punto final y por el tipo de filmes que compiten. La Academia ha ido abriendo el abanico progresivamente a trabajos más personales, cintas que no cuentan con presupuestos de producción desorbitados ni campañas millonarias y mediáticas para promocionarse. Su aval es la originalidad, la búsqueda de una voz propia y, si bien pueden provocar filias y fobias viscerales, sí que se hace difícil discutir su valentía y ocurrencia tanto en forma como en fondo. Las inquietudes artísticas de sus autores parecen alejadas del público de masas.

Birdman, el filme del mexicano Alejando González Iñárritu, llega con el empuje que le proporciona su victoria en los gremios de productores (PGA), directores (DGA) y actores (SAG). Esta última distinción era de esperar dado el impecable trabajo de todo el elenco de la película, y que los académicos han destacado colocando como finalistas a Michael Keaton, Edward Norton (ambos en su gran comeback a las pantallas después de pasar bastante tiempo sin llamar la atención) y Emma Stone. Sin embargo, los premios de mejor película y director parecían decantados en favor de Boyhood gracias a sus Globos de Oro y al fervor crítico que acarrea lo nuevo de Richard Linklater desde su estreno, muy difícil de equiparar a algún filme surgido en años recientes.

Boyhood

Para muchos, Boyhood es más que una película. Ya lo comentamos el pasado septiembre vaticinando sus posibilidades de premio a estas alturas. Esta obra se ha convertido en todo un acontecimiento rodado durante doce años, un retrato de la idiosincrasia norteamericana y un recorrido vital que ha dejado huella en un amplio número de espectadores. Los votantes tienen la oportunidad de premiar a la película-fenómeno de la temporada. Y parece que así lo harán, pese a que la naturaleza del meritorio proyecto pueda estar, en mi opinión, por encima del resultado final de la película (de la que, sin embargo, no cuestiono su calidad).

En cualquier caso, la mayoría de medios especializados, tanto españoles como norteamericanos, colocan ahora mismo a Birdman como favorita para alzar la estatuilla como mejor película del año cinematográfico 2014.

Los nombres de la noche

El gran hotel Budapest, Selma, The imitation game, La teoría del todo, El francotirador y Whiplash son compañeros de viaje que aportan variedad y buen gusto a la gran noche del cine. Por otro lado, Eddie Redmayne, Julianne Moore, J.K. Simmons y Patricia Arquette están muy bien situados en las categorías de interpretación. En el caso de los tres últimos, por su dominio casi absoluto en los galardones previos. Mientras, Redmayne dio un revés importante a las aspiraciones de Keaton con su triunfo en los SAG. Su trabajo como el físico Stephen Hawking encaja perfectamente con las características de un actor ganador del Oscar (personaje real, popular y brillante, con taras físicas y afán de superación). El único hándicap del británico recordado por Los miserables es que su nombre aún no tiene el peso en la industria del que sí goza el antiguo álter ego de Batman.

Por otro lado, los premios técnicos ayudarán a engrosar el palmarés de los más laureados. La película de Wes Anderson parte con grandes opciones en varias categorías (fotografía, dirección artística, vestuario, maquillaje y peluquería) que constatan su impecable factura técnica. El éxito en Estados Unidos de El francotirador, de Eastwood, puede ser compensado con algún premio de sonido. Este también será el terreno en el que Interstellar, de Christopher Nolan, tratará de compensar su poca incidencia en las categorías principales (por otra parte, habitual en los trabajos del taquillero director inglés).

Y otro apartado sobre el que ronda mucha incertidumbre: el de mejor película de habla no inglesa. Pese a que la polaca Ida parece la favorita (su fotografía está además nominada), el Globo de Oro a la rusa Leviatán levantó suspicacias sobre las opciones para el triunfo final del filme de Pawel Pawlikowski. Igualmente, Relatos salvajes y Timbuktu (que acaba de arrasar en los César franceses con siete entorchados) son dos contendientes potentes en una categoría que, pienso, está muy abierta.

En una edición donde ninguna de las cintas candidatas llega a los dos dígitos en número de nominaciones, el veredicto en muchos apartados permanece todavía en el aire. Los Oscar se transformarán en la madrugada del domingo al lunes en una película de más de tres horas donde tendrán cabida la risa, la emoción, el llanto, el cotilleo, la música, el espectáculo… En definitiva, puro cine.

La apuesta

A continuación os ofrezco mi quiniela de los Oscar 2014 en sus categorías principales. No os olvidéis de hacer la vuestra en esta dirección.

  • Mejor película: Boyhood.
  • Mejor director: Richard Linklater (Boyhood).
  • Mejor actor: Eddie Redmayne (La teoría del todo).
  • Mejor actriz: Julianne Moore (Siempre Alice).
  • Mejor actor secundario: J. K. Simmons (Whiplash).
  • Mejor actriz secundaria: Patricia Arquette (Boyhood).
  • Mejor guion original: Richard Linklater (Boyhood).
  • Mejor guion adaptado: Graham Moore (The imitation game).
  • Mejor película extranjera: Leviatán (Rusia).

(Este artículo es una versión ampliada del publicado el 20/02/2015 en el periódico Qué. A continuación el PDF correspondiente).

Butaca Vip: Especial Oscar 2014

Ya podéis escuchar el podcast de Butaca Vip, el programa de cine de la emisora Gestiona Radio dirigido y presentado por Fran Grégoris en el que colaboro desde hace tres años (precisamente a raíz de la celebración de los Oscar 2011, gala celebrada en 2012, en la que The artist se alzó como triunfadora). En este enlace podéis acceder a los podcasts de semanas anteriores. El programa se emite todos los viernes de 23 a 00 horas en la 108.0 FM de Madrid (o con frecuencia propia en otros puntos de España) y por Internet para todo el país.

Podcast Butaca Vip 20/02/2015

El espacio de esta semana está dedicado principalmente a la previa de los Oscar. Analizamos los favoritos a los premios de este domingo, abordamos el estreno de El francotirador, de Clint Eastwood, y recibimos al polifacético Juan Vinuesa. Todo ello en la compañía de Manu de la Fuente (del blog Gente con duende), Estrella Savirón (del portal A golpe de efecto) y Víctor Nieva.

Además, un breve comentario en el inicio de La imagen perdida, documental camboyano del director Rithy Panh que estuvo nominado al Oscar en 2013 en la categoría de mejor película extranjera (premio que se llevó la imprescindible La gran belleza) y que plantea un original ejercicio de memoria histórica.

De los Oscar al cielo

Oscar¿Cómo estáis? Sed bienvenidos a Soteras de Cine, espacio dedicado al séptimo arte. Tras varias travesías cibernéticas compartidas con amigos o en solitario (En el nombre del cine, La gran sesión, Fuera de Campo), este nuevo rincón (aún en construcción) pretende erigir paulatinamente un lugar de análisis y reflexión en torno a un arte completo, sempiterno y en constante ebullición. Mi deseo es desahogar sensaciones, hablar de lo que gusta y de lo que no respecto al cine y, en definitiva, compartir mi visión sobre cualquier asunto relacionado con la gran pantalla. Eso sí, con la aspiración de que todos los interesados participen aportando sus puntos de vista y opiniones.

No se me ocurre mejor oportunidad para lanzar este sitio que hacerlo a pocos días de la gran noche de los Oscar, la apoteosis glamurosa y mainstream del cine que cada año congrega a millones de espectadores en todo el mundo. Una cita que sigo con interés y pasión desde que tengo uso de razón y que, para mí, representa lo que debería ser toda entrega de premios: la oportunidad perfecta para promocionar y dar a conocer al público masivo propuestas cinematográficas, grandes o pequeñas, de interés y calado. Los premios como perfecto escaparate del cine, con un alcance entre la audiencia sin parangón y una influencia masiva indiscutible (aunque no siempre positiva).

Mientras la Academia de Hollywood festeja la 87 edición de entrega de sus estatuillas, nosotros damos el pistoletazo de salida a la Quiniela de los Oscar. La decimonovena edición de este juego llega con novedades: por primera vez online, a través de la aplicación diseñada por mi primo Jorge (al que agradezco públicamente su interés y esfuerzo) y con el propósito de aumentar su alcance más allá de amigos y conocidos. Os animo a elegir vuestra ganadora entre todas las películas finalistas que figuran como aspirantes a los premios de cine más importantes del mundo.

Para jugar tenéis que acceder en el siguiente enlace:

http://oscars.foodandmarket.net/quiniela.php

Ahí os registráis y empezáis a jugar. Al utilizar un usuario y contraseña vuestras votaciones quedarán almacenadas, y este soporte servirá además de histórico para albergar los resultados de todos los participantes en pasadas y futuras ediciones.

Tal vez, a la hora de enviar vuestros pronósticos, algunos prefiráis esperar hasta el final de la semana para apurar vuestras posibilidades de ver algunas de las películas que compiten y votar con más criterio. Sabia medida, pero recordad que la ceremonia es el próximo domingo 22 de febrero, así que el límite queda fijado hasta justo antes de que ésta de comienzo.

Miguel ha vuelto a poner las cosas difíciles en el empeño por batir el récord del juego, ya que el año pasado se desmarcó con 21 aciertos, ni más ni menos (son 24 las categorías a concurso). Como tal, recibió su merecido premio. Hay otro en juego para el que consiga superarle. No es tarea sencilla.

Durante estos días publicaré un análisis de las nominaciones que, espero, sirva de guía a aquellos que se encuentren algo despistados sobre las aspiraciones de cada película o para los que no hayan podido disfrutar de muchas de ellas y busquen consejo.

Así que ya sabéis, suerte y ¡a votar!